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El síndrome del impostor

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¿Qué es el síndrome del impostor?

Eres una persona más bien perfeccionista, con un nivel alto de exigencia respecto a tu trabajo. Te gusta hacer las cosas bien, ser productivo, cuidar el detalle, y en general, te cuesta delegar o dejar las cosas a medias cuando ya te has enfrascado en una tarea. Tu búsqueda de la excelencia te ha granjeado buenos resultados hasta ahora, y tu carrera ha ido despegado progresivamente con tanto esfuerzo, procurándote una buena posición laboral.

Hasta ahora, todo esto suena bastante positivo, ¿verdad? Bueno, en algunos casos esta excelencia tiene un lado oscuro que nos puede hacer sufrir bastante. Imaginémonos que aunque desde fuera eres una persona aparentemente eficaz y todoterreno, la gasolina que mueve ése motor no es otra que la inseguridad. ¿A qué me refiero? Pues a que aunque cuidas el detalle y que todo esté perfecto, en muchas ocasiones, estás alerta anticipando que tu trabajo puede estar mal, que puede haber algún error que estés pasando por alto y, sobre todo, no dejas de pensar en que otras personas (superiores, supervisores o compañeros) van a descubrirlo, dejándote en una posición de vulnerabilidad.

Este estrés te lleva a comprobar una y otra vez tu trabajo, mejorándolo y revisándolo una y mil veces, sí, pero con un coste personal excesivamente alto. Este estilo de pensamiento es el que coloquialmente se llama síndrome del impostor.

¿A qué se debe el síndrome del impostor?

Básicamente, a gestionar mal nuestras atribuciones. Las atribuciones no son otra cosa que a qué atribuímos lo que pasa, es decir, cuál es la causa. Muy resumidamente, imaginémonos que podemos atribuir los eventos que suceden en nuestra vida de dos formas:

                  -Internalizándolas: es por mí (yo soy la causa)

                  -Externalizándolas: es por causas externas (sobre las que puedo actuar)

En general, las personas que experimentan esta inseguridad tienden a internalizar sus fracasos o errores, y a externalizar sus aciertos y sus méritos. Es decir, si algo bueno sucede, por ejemplo un ascenso, piensan que se debe a la casualidad, a la suerte, o a que no había otras personas aptas en ese momento para el puesto, por ejemplo. Es decir, a factores arbitrarios, por lo que nunca se reconocen el esfuerzo realizado, su capacidad, o su preparación para conseguirlo.

Sin embargo, si algo malo sucede, por ejemplo, un problema con un cliente o un error en su trabajo, no son capaces de relativizarlo y de considerar factores externos, como si por ejemplo nos encargaron la tarea con un periodo insuficiente de tiempo, si se trata de un campo en el que no estás suficiente formado, o si simplemente, equivocarse es humano y el error se va a producir sí o sí periódicamente,  por muy preparados que estemos o muy competentes que seamos.

Las personas con este estilo de pensamiento tienden a magnificar el error, otorgándole consecuencias catastróficas. Al tener un autoconcepto tan negativo (es decir, al valorarse de una forma tan sesgada) se sienten constantemente en peligro, y de ahí, precisamente viene el nombre de síndrome del impostor. Es decir, de tener constantemente la sensación de que vamos a ser descubiertos, de que no somos aptos o válidos para el trabajo que desempeñamos,  y que estamos permanentemente en la “cuerda floja”: o lo que es lo mismo, que el próximo error será el que nos destape ante los demás como un fraude.

Esto incrementa la inseguridad y las comprobaciones, alimentando más el círculo de exigencia y de ansiedad. ¿Y cómo podemos solucionarlo?

¿Y cómo lo soluciono?

De acuerdo, me he visto identificado con ése síndrome del impostor del que hablábamos. ¿Y qué puedo hacer? ¿Cómo dejar de sufrir por este tema? Pues la clave del éxito radica en cambiar cómo te valoras a ti mismo/a. Un psicólogo especializado te puede ayudar a cambiar los pensamientos críticos que ahora mismo te están haciendo minusvalorarte y que están generándote esa constante sensación de inseguridad.

                  Un proceso ordenado debería incluir los siguientes pasos:

  1. Tomar conciencia de qué lenguaje usas contigo mismo: ¿Cómo te valoras? ¿Crees que eres justo/a en tus valoraciones? Aquí va un pequeño experimento: coge tu último problema en el trabajo e imagina que es un amigo el que te lo comenta. ¿Le dirías lo mismo que te estás diciendo a ti? ¿Serías tan contundente, o crees que serías capaz de consolarle y decirle que es normal fallar de vez en cuando?
  2. Compara tus expectativas con la realidad: mide las consecuencias de esos errores, o de esas comprobaciones que estás realizando constantemente para impedir cometer fallos en tu trabajo. ¿Realmente cuando se produce un error es tan catastrófico? ¿Alguna vez se han hecho realidad tus fantasías sobre el despido, la pérdida de reputación, o de cualquier otra consecuencia catastrófica? ¿Cabe la posibilidad de que tus pensamientos estén alterando la realidad, ofreciéndote una visión deformada?
  3. Realiza exposiciones progresivas: desvanece el exceso de comprobaciones, los horarios de trabajo ilimitados y todos los rituales que te hayas impuesto que sean excesivos, y que interfieran en tu vida cotidiana. Impón un límite de veces que vas a consultar un dato, por ejemplo, o una hora a la que vas a dejar de trabajar y vas a conectar con tu autocuidado.

Como os decía, este proceso debe ser ordenado y progresivo, y muchas veces es esencial que se produzca un cambio cognitivo (es decir, del contenido de nuestro pensamiento, en este caso, en cómo nos valoramos a nosotros mismos), para que podamos exponernos a dejar de exigirnos tanto, y finalmente ver que nuestros miedos no se cumplen.

Es un proceso eficaz, seguro, y que te ayudará a liberarte del malestar que provoca el síndrome del impostor.

Esperamos que esta entrada os sea de ayuda, y si tienes cualquier duda o quieres más información sobre cómo podemos ayudarte, no dudes en ponerte en contacto con nosotros.

                  ¡Un saludo!