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Psicología del perdón

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El perdón es un concepto que a menudo confundimos, quizá porque es complejo, y a menudo llegamos a él por concepciones filosóficas o religiosas. Pero, ¿qué es a nivel psicológico el perdón, y cómo puede afectar a nuestra salud? Vamos a verlo.

El perdón y las emociones

Supongamos que hemos vivido una situación muy negativa, traumática o dolorosa, que nos está pasando mucha factura. Puede ser una traición, un desengaño amoroso, un despido o una situación de abuso a nivel laboral…  Al pensar en ello, comenzamos a sentir una serie de emociones desagradables, que nos indican que sufrimos al recordar lo que pasó. Rabia, ira, vergüenza, o incluso odio, son emociones que podemos experimentar al revivir un proceso doloroso.

Hasta aquí, nada fuera de lo normal. Porque como hemos dicho en otras ocasiones, las emociones negativas no existen, ya que todas las emociones tienen una función adaptativa. Es decir, todas nos ayudan a adaptarnos mejor al entorno, y a reaccionar de forma adecuada ante los acontecimientos.

Así, por ejemplo, la indignación o la ira pueden decirme que lo que me sucede es injusto, y protegerme de quedarme expuesto durante más tiempo a una situación abusiva.

De acuerdo, pero la pregunta es, ¿hasta cuándo? ¿Cuánto tiempo tengo que experimentar estas emociones? Si transcurridos meses, e incluso años después de la situación traumática, sigo experimentando estas emociones con la misma intensidad, ¿siguen siendo útiles?

La respuesta corta: no. ¿Por qué? Veámoslo con un ejemplo claro: si sufro tristeza porque he perdido mi trabajo, ésta emoción es adaptativa, es normal experimentar tristeza después de una pérdida. Sin embargo, si experimento tristeza de forma crónica, estoy sufriendo una depresión. Aquí la emoción no me está ayudando a adaptarme a una realidad nueva, sino que está actuando de forma incapacitante.

Bien, pues lo mismo sucede respecto a la ira, la frustración, el odio… Si conviven con nosotros durante demasiado tiempo, dejan de ser útiles. Si años después sigo experimentando una rabia incontenible al pensar en aquel jefe, o en aquella pareja que me hizo daño, lo único que estoy experimentando es sufrimiento en una situación incongruente, cuando ya no es útil.

Estas emociones están haciendo que mi cuerpo segregue adrenalina, cortisol, norepinefrina… las sustancias que me preparan para que afronte un peligro, o responda a una amenaza. Esto tenía sentido en su momento, cuando sucedió el evento traumático, pero, ¿y ahora? ¿Puedo hacer algo al respecto, transcurrido este tiempo? La respuesta parece obvia. No. Esta respuesta emocional, a lo único que está contribuyendo es a generar un desgaste, a hacerme sufrir, y a pasarme factura innecesariamente.

Por qué nos resistimos a perdonar

Uno de los principales motivos es, como decíamos al principio, que no tenemos claro qué es el concepto de perdón. Así que para verlo más claro, hablemos primero de qué no es perdonar:

-El perdón no es olvidar: perdonar no significa fingir que lo que nos hizo daño jamás ha sucedido.

-El perdón  no es excusar: no supone liberar de responsabilidad a la persona que nos hizo daño,o simular que un acontecimiento estuvo bien, si en realidad no lo estuvo.

Muchas veces, nos resistimos a perdonar porque pensamos que conlleva reinterpretar los hechos, dejar de verlos como los vemos, o indultar a la persona que nos hizo daño, asumiendo que no tuvo responsabilidad en lo que sucedió. Por lo tanto, en muchas ocasiones esta resistencia hace que nos aferremos al resentimiento o al rencor, ocasionándonos un desgaste emocional con el que cargamos con el paso del tiempo.

Perdonar es dejar ir

Ni más ni menos. Si decíamos que perdonar no significa olvidar ni tampoco excusar, entonces, ¿qué significa? Pues es un proceso de aceptación, que favorece la elaboración del duelo.

El duelo es el proceso natural que se desarrolla después de un trauma o una pérdida. Al aferrarnos al rencor, en muchas ocasiones lo que estamos haciendo es dificultar ese proceso de recuperación.

Por ejemplo, en un duelo tras una separación traumática, muchas veces la rabia se convierte en un sentimiento al que nos podemos quedar ‘enganchados’. De alguna forma, es el motor que impulsa nuestras acciones en ese momento de sufrimiento. En este contexto, muchas veces pensamos que el perdón es un síntoma de debilidad. Y esta creencia es un error que nos mantiene prolongando la rabia y sufriendo el desgaste de forma innecesaria.

Algo que nos puede ayudar a superar este estilo de pensamiento que nos mantiene presos del rencor, es pensar que el perdón no es algo que hacemos por la otra persona, sino por nosotros. Nuestro cuerpo es la casa de nuestras emociones. Y como decíamos al inicio del artículo, las emociones tiene una duración adaptativa. Sin embargo, si prolongamos el rencor, la ira, el resentimiento, durante demasiado tiempo, estas emociones están afectando a nuestra salud generándonos un estrés crónico, continuado.

Por lo tanto, perdonar es el primer paso para liberarnos del resentimiento. Para favorecer la aceptación y reconciliarnos con que las cosas sucedieron de ese modo, integrando el evento traumático en nuestra vida, el tiempo no siempre es suficiente. Es decir, que en muchas ocasiones, por mucho tiempo que transcurra, en ocasiones podemos necesitar de ayuda psicológica para elaborar este duelo, asimilar lo sucedido, y prevenir el desgaste emocional de un duelo cronificado.

Esperamos que esta reflexión os haya sido útil. ¡Hasta la semana que viene!