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LO TENGO TODO Y NO SOY FELIZ

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¿Quién no ha oído alguna vez esta frase? Es una situación bastante común en la consulta: que nos encontremos con una persona que se encuentra frustrada por tener la sensación de que ha logrado todos sus objetivos, y que sin embargo, no experimenta el estado de plenitud que esperaba.

¿Cuáles son las causas? Para ser sinceros y rigurosos, no existe una sola causa. Cada caso debería estudiarse y analizarse (para eso existe el proceso de evaluación) para poder personalizar el tratamiento y ubicar el origen del problema, así como cuáles son los factores que lo mantienen.

Pero de forma resumida, vamos a ver algunos de los factores más comunes que nos producen esta sensación de desmotivación y tristeza, de “tenerlo todo” y sin embargo, no ser felices:

  1. Estás agotado-a: un factor que habitualmente, pasamos por alto pese a ser tan llamativo. Como decíamos en nuestra entrada anterior, vivimos muy deprisa, y a menudo, el “llegar a todo” tiene importantes consecuencias en nuestra salud física y psicológica. Nos pasa factura. A veces sí, llegamos a todo, lo conseguimos todo: somos súper-trabajadores, súper-padres, y super-hombres y mujeres en general… ¿Pero a qué coste? Muchas veces estamos quemados, agotados, y no tenemos ni un segundo para disfrutar nuestro éxito. Cuando el “éxito” es solo sinónimo de exigencia, nuestro cerebro no nos reporta ninguna satisfacción. Al contrario, solo tenemos la sensación de haber cumplido con nuestro deber, nada más.
  2. Tus acciones no están alineadas con tus valores: otra situación muy frecuente. Y es que a menudo cogemos la receta de la felicidad estándar, y nos afanamos a toda costa en seguir cada paso: pareja, trabajo, hijos… para cada etapa, parece que hay un itinerario diseñado que debemos de seguir. Son muchas las personas que actúan en su vida en base a las expectativas ajenas, en lugar de las propias. Y eso, a largo plazo, es fuente de infelicidad. “Lo tengo todo”, podemos decirnos, ¿pero todo lo que querías?
  3. Vives por objetivos, y no por valores: en personas muy exigentes, a menudo vivimos para conseguir cosas, en lugar de realizar actividades simplemente por el hecho de disfrutarlas. Por ejemplo practicar un deporte para ponerse en forma, o para mejorar una marca, en lugar de por disfrutarlo, o porque nos resulta una actividad agradable con amigos.
  4. Expectativas poco razonables sobre la felicidad: otra fuente de insatisfacción frecuente es, paradójicamente, sobrevalorar la felicidad. Embarcarnos en la búsqueda de la felicidad como una misión utópica, suele dar malos resultados. El positivismo extremo puede llevarnos a negar nuestras emociones “negativas” (que son desagradables, pero no negativas). Experimentar malestar, cometer errores, estar tristes, enfadados o nerviosos, forma parte de la experiencia de ser humano. Son emociones con un alto valor adaptativo, y si hemos sobrevivido como especie, en parte es gracias a estos inteligentes mecanismos de nuestro cerebro. Cultivar la aceptación de lo que no podemos controlar, es decir, lo que nos hace infelices, curiosamente acaba por reportarnos mucho más bienestar.
  5. Tu atención está focalizada en lo negativo: aunque suceden cosas buenas a tu alrededor, tiendes a fijarte en lo negativo. En ocasiones, personalidades con alto grado de control sobre los acontecimientos tienden a focalizarse en los negativo, con la expectativa de poder mejorarlo. Esto sin embargo, acaba haciendo que seamos supervisores de fallos,  y que obviemos todo lo positivo que hay a nuestro alrededor. Lo negativo cuenta, pero lo positivo se da por supuesto, y no sube al marcador. De esta forma, es fácil experimentar infelicidad e insatisfacción.
  6. Problemas de autoestima: si tendemos a creer que todo lo que nos sucede, por bueno que sea, es fruto del azar y no tenemos el mérito de nada, es obvio que por muy idílica que sea nuestra situación, no la disfrutaremos. Los problemas de autoestima en ocasiones son la base sobre la que se erigen síntomas posteriores, como la desesperanza o la sensación de vacío. Aprende a valorarte, y valorarás más lo que te rodea.

Esperamos que este resumen os haya sido clarificador. Como decíamos al inicio, cada caso es único, pero muchos de estos mecanismos de afrontamiento se reproducen de unas personas a otras. ¿Te ves identificado-a en alguno de ellos?

 

¡Hasta la semana que viene!