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De qué hablamos cuando hablamos de asertividad

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La asertividad está de moda, pero aún no lo sabes. Quizá hayas oído hablar de ella recientemente, en televisión o en un artículo de prensa. Al principio, nos suena un poco a chino. ¿Aserqué? Quizá la has oído nombrar ya varias veces, pero aún no tienes del todo claro de qué se trata.

Sin embargo, si hablamos de algunas de las conductas que son típicas de las personas asertivas, quizá lo veas más claro: saber decir que no, expresar tu opinión de forma franca y honesta, aceptar elogios, encajar críticas, resistir presiones… ¿Te suenan algunas de estas conductas? Son comportamientos que desplegamos en nuestro día a día, en muchos de los entornos en los que vivimos. Sin embargo, no todas las situaciones son iguales, y en algunas de ellas, nos puede resultar más difícil ser asertivos.

Por ejemplo, no te resultará tan difícil decir que no a un comercial que insiste en que compres un producto, que a un amigo íntimo que te pide encarecidamente un favor, por ejemplo, que te quedes con sus hijos el viernes por la noche. En las dos situaciones hablamos de decir que no, sin embargo la segunda situación es más complicada, ya que estamos implicados emocionalmente, y pueden surgir pensamientos del tipo: Se enfadará si le digo que no, y puedes sentirte culpables por no hacerle el favor que te pide.

Supongamos que el viernes por la noche tu pareja no está en casa, y además, es un día intenso en el trabajo, cargado de reuniones y actividades muy exigentes. No es el día más idóneo para llegar a casa y ponerte a cuidar de los hijos de tu amigo, que además son tres. Sin embargo, te sientes culpable porque sabes eres su último recurso, y decides hacerle el favor. ¿Qué pasaría en este caso? Bueno, en realidad lo que estamos haciendo en este caso es ser pasivos.

Es decir, sacrificar nuestro propio bienestar para primar el bienestar de otras personas. Lo entenderemos más fácilmente visualizando un continuo en el que podemos clasificar nuestros comportamientos sociales:

Pasivo (los demás son más importantes que yo)

Asertivo (mis necesidades son iguales a las de los demás)

Agresivo (yo soy más importante que los demás)

La asertividad es por lo tanto un término medio, entre callarme y no decir lo que pienso, y explotar y acabar discutiendo a gritos. Es decir entre el extremo pasivo y el extremo agresivo. Lo que nos sucede en muchas ocasiones, es que utilizamos un estilo pasivo-agresivo. Es decir, nos callamos y no decimos lo que pensamos en realidad, y cuando pasado un tiempo vamos acumulando tensión, un día no podemos más y explotamos, siendo agresivos. Vamos a verlo más claro con nuestro ejemplo:

Como decíamos, has sido pasivo y al final, te quedas con los hijos de tu amigo. Como estás exhausto, te supone un sobreesfuerzo importante, y al día siguiente te notas frustrado, cansado y de malhumor. Pasa el tiempo, y tu amigo se vuelve a ver en apuros: a lo largo de las semanas siguientes, te llama en un par de ocasiones para pedirte algunas cosas banales, por ejemplo, que le des indicaciones para ir a un sitio, o que le recomiendes un restaurante para llevar a su pareja. Sin embargo tú ya estás quemado, y cuando te llama por última vez, acabas gritándole y diciéndole que se busque la vida, y que use Tripadvisor como todo el mundo.

Guau, ¿qué ha pasado? Seguramente tu amigo no lo entiende, y piensa que has reaccionado desproporcionadamente. Tú, sin embargo, tienes la sensación de haber estado aguantando sus peticiones pacientemente, y el tema de recomendarle un restaurante ha sido simplemente la gota que ha colmado el vaso.

Pero, ¿realmente es culpa de tu amigo? Quizá sea una persona muy demandante, o quizá simplemente esté sobrecargado ahora mismo y te pida más ayuda de lo normal, pero en cualquier caso, ¿acaso no tenías más opción que acceder a todas sus peticiones? En realidad, quizá tú también estás sobrecargado. Seguramente lo estabas ese fatídico viernes en el que decididiste quedarte con sus hijos, sin embargo, te sentiste culpable por decir que no, y asumiste el coste de esa decisión.

Esto es solo un ejemplo, pero hay miles de situaciones en las que nos suceden eventos de este tipo: en la pareja, por ejemplo, a veces nos cuesta ser asertivos y en muchas ocasiones cedemos ante dinámicas pasivas-agresivas, callándonos primero y estallando tiempo después, cuando hemos ido acumulando tensión durante demasiado tiempo. En el trabajo, especialmente si trabajamos en equipo, nos podemos sentir inseguros a la hora de ser asertivos, por miedo al conflicto. O en situaciones tan anecdóticas como devolver un objeto en una tienda, o para reclamar que nos traigan un plato olvidado en un restaurante.

Ser asertivo implica toda una serie de habilidades, que como comentábamos, son sencillas. Sin embargo en muchas ocasiones son los pensamientos los que nos impiden ejecutarlas. Por lo tanto, es importante que recuerdes que tus derechos y tus necesidades son tan válidos como los de todos los demás. No se trata de ser egoísta, ya que en ese caso, antepondríamos nuestras necesidades a las de los demás, y estaríamos siendo agresivos.

Se trata de ser honestos y justos, con nosotros mismos y con los demás. Si me encuentro en buena disposición y puedo asumir el hacerle un favor a alguien, lo haré encantado. ¿Pero qué pasa si el hacerlo me supone un coste personal? En ese caso, no tengo que sentirme culpable por decir que no. Mi derecho a descansar y encontrarme bien es tan válido como el de la otra persona que me pide ayuda.

Si esta situación te es familiar o te ves reflejado en la dinámica pasivo-agresiva que comentábamos anteriormente en el artículo, y quieres saber más sobre asertividad o relaciones personales, ponte en contacto con nosotros a través del formulario de contacto y te ayudaremos a saber más.

¡Hasta la semana que viene!