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¿Cómo ayudar a alguien que tiene depresión?

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¿De qué hablamos cuando hablamos de depresión? La depresión es un trastorno del estado de ánimo, y aunque sus síntomas son bien conocidos por cualquiera, no todos sabemos cómo manejarlos o cómo ayudar a alguien de nuestro entorno cercano que los está sufriendo. Si nos detenemos un momento en las cifras, entenderemos por qué es importante que aprendamos qué podemos hacer frente a la depresión: actualmente, este trastorno afecta a millones de personas en el mundo, es la primera causa de discapacidad, y su incidencia parece aumentar exponencialmente con el paso de los años. Una vez superada la alarma, centrémonos en qué podemos hacer: es muy probable que conozcamos a alguien en nuestra familia o grupo de amigos que padezca síntomas depresivos en un determinado momento de su vida. Circunstancias personales, cambios vitales, pérdidas en nuestros seres queridos… hay muchos cambios que pueden afectar a nuestro estado de ánimo y propiciar el caldo de cultivo que nos lleve a una depresión.

Una vez llegados a este punto, es esencial recurrir a un profesional que comience a trabajar con nosotros los pensamientos negativos que alimentan a la depresión, que nos ayude a fijarnos objetivos y metas que venzan la apatía y el cansancio, y que progresivamente, nos acompañe en el camino hasta la recuperación. Pero en el caso de que no seas tú mismo quien sufre la depresión, si no alguien de tu entorno, ¿qué hacer? ¿Cómo ayudar a esa persona que actualmente sufre depresión? Te lo contamos en los siguientes puntos:

Cuidado con los mensajes positivos: aunque sean con la mejor intención, no todo lo positivo suma. En ocasiones, mensajes del tipo ‘Anímate’, ‘Sonríe’, o “Intenta ver el lado positivo’ pueden acentuar la sensación de culpabilidad de la persona que sufre depresión. Esto sucede porque cuando intentamos convencerle de motivos por los que debería estar bien, fuentes de apoyo que tiene a su disposición, y en general, señalarle todo lo bueno que hay en su vida, la persona con depresión puede sentirse peor al ver que no consigue mejorar su estado de ánimo. No debemos trasladarle que se trata de un problema de actitud, sino de un problema de salud. Estos síntomas tendrán un final y desaparecerán, igual que tuvieron un inicio.

Propón, no impongas: en lugar de discutir sus pensamientos negativos o intentar argumentar en contra de ellos, propón actividades agradables y favorece la actividad física. El estado de ánimo guarda una relación muy estrecha con el nivel de actividad diaria, por lo que es imprescindible que poco a poco, le ayudes a activarse. Al principio, hasta las actividades más sencillas pueden resultar extenuantes para una persona que sufre depresión. Síntomas comunes son la fática, el decaimiento y la falta de energía. Así que acompáñale en actividades que sean sencillas, fáciles, y que sean de su agrado.

Evita que se aísle: el estado de ánimo depresivo frecuentemente lleva a abandonar actividades, rutinas, y con ello a dejar de mantener las relaciones que se cultivaban en el día a día. Esto es un factor que puede promover la apatía y la inactividad, y con ello, mantener la depresión. Por lo tanto, hazle saber que estás presente. Acude, mantente en contacto y ofrece tu ayuda. A veces, no es necesario que hagas nada. Es normal sentirse impotente, cuando ves que tus esfuerzos no surten efecto o que la persona a la que intentas ayudar, continúa sufriendo. Pero ten presente que sí estás haciendo algo útil y muy importante: estás acompañando a esa persona. Estás ahí, y eso es fundamental. Hazle saber que vas a seguir ahí, pase lo que pase.

Acéptala y refuerza sus avances: evita las críticas, los reproches y cualquier comentario que pueda alimentar los síntomas de depresión. La persona a la que estás intentando ayudar no siempre se comportará de forma amable. Entiende que ahora mismo, no cuenta con los recursos para serlo, y aprende a atribuir las acciones negativas a la depresión, y no a ella. Por el contrario, hazle saber cuánto te alegra cada paso que da hacia la recuperación, qué contento estás de que esta noche vaya a ir al cine, o lo valiente que está siendo plantándole cara a la depresión.

No la sobreprotejas: tratarla como una persona sin recursos, incapaz de valerse por sí misma. De nuevo, quizá con la mejor intención podemos intentar protegerla e intentar que no se exponga a fuentes de estrés: en cualquier caso, dejemos que sea esta persona quien tome la decisión de qué hacer, sin coartar su autonomía. Si comenzamos a tratarla de forma diferente a como lo hacíamos antes, podemos contribuir a que se sienta estigmatizada y que la etiqueta de “depresión” le eclipse. Como decíamos anteriormente, haz propuestas, muéstrate disponible, y acompáñala. No tomes decisiones por ella, o la trates de forma paternalista.

No discutas sus pensamientos: las personas con depresión pueden expresar comentarios negativos hacia sí mismos (“Soy un inútil”, “No valgo para nada”), sobre el futuro, o sobre los demás (“Todo va a salir mal”, “No tengo a nadie”, “Estoy solo”) que pueden producir malestar tanto a ellos como a su entorno. No intentes discutir o argumentar contra estos pensamientos. Esta tarea la debe realizar un profesional de la psicología. Cuestionarlos (¿Cómo puedes decir eso?) o discutirlos, solo reforzará la sensación de incomprensión, y transmitirle el mensaje de que no tiene derecho a estar triste, lo que hará que se aísle más, o que sienta que nadie puede entender cómo se siente.

 -Empatiza: al contrario de lo que decíamos anteriormente, en lugar de cuestionar cómo se siente o aportar mensajes vacíos o que trivialicen su situación (Ya verás todo pasa, pronto ni te acordarás de esto) o intentar cuestionar y discutir los pensamientos negativos que exprese, aprende a validar cómo se siente: acepta que está mal y transmítele que no pasa nada. No luches contra ello, simplemente, acéptalo. Puedes trasladarle mensajes del tipo Entiendo que estás mal, Sé que estás mal,

-Aliéntala a buscar ayuda: si la tristeza se prolonga en el tiempo, o los síntomas se agravan, hazle saber que existen tratamientos eficaces contra la depresión, y que un profesional de la psicología clínica puede ayudarle. A menudo, las personas puede rehuir el pedir ayuda por orgullo, o por temor al estigma. Sin embargo, dejar pasar el tiempo solo cronifica y agrava los síntomas de depresión, por lo que hazle saber que hay situaciones en las que necesitamos ayuda de otros para poder superarlas con éxito.

Y por último, pero no por ello menos importante, ¡acuérdate de cuidarte! A veces podemos supeditar nuestras propias necesidades para cuidar a un ser querido que está atravesando por un mal momento. No obstante, para poder ayudarle y aportarle serenidad, comprensión y cariño, debes encontrarte bien y atender también tus propias necesidades. Dedícate tiempo, y no te sientas culpable por reservar espacios para tu propio ocio, desconectar del problema, y volver con las pilas cargadas.

Si necesitas saber más sobre la depresión, o crees que alguien en tu entorno la sufre, infórmate gratuitamente en nuestra visita informativa, o llámanos al 601 446 236

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