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¿Cómo afecta el móvil a los niños?

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En los últimos años, hemos incorporado a una velocidad de vértigo dispositivos electrónicos que han pasado a tomar un papel central en nuestras vidas. Hablamos del smartphone, la tablet, o el ordenador. Dispositivos que nos hacen la vida más fácil, pero que también pueden tener un impacto negativo sobre nuestra salud si no los utilizamos correctamente o si abusamos de ellos.

En principio, no hay que alarmarse, pero debemos prestar especial atención a estos riesgos cuando hablamos de los más pequeños, ya que en este caso pueden influir no solo sobre su salud, sino también sobre su desarrollo.

¿Cómo afecta el uso del móvil a los más pequeños? Bien, para responder a esa pregunta deberíamos empezar diciendo que depende de factores como su edad, y del uso que le den al aparato. Hay muchas variables que entran en juego, pero para empezar a responder a las grandes preguntas, solucionemos primero alguna de las más concretas: por ejemplo, si depende de la edad a la que lo utilice, ¿a qué edad es recomendable que mi hijo o hija tenga su propio teléfono móvil?

Veamos, según el INE (Instituto Nacional de Estadística), en su Encuesta sobre equipamiento y uso de tecnologías de la información en los hogares, publicada este pasado 5 de Octubre, el 45% de los niños de 11 años tiene un teléfono móvil. A los 12 años, un 75%. Este porcentaje se eleva hasta el 93% a los 15 años, por lo que la mayoría de padres utiliza esta franja orientativa para comprarle a sus hijos por primera vez un terminal.

De acuerdo, supongamos que los 12 años es una edad razonable para que tu hijo/a tenga su primer móvil. ¿Esto significa que debe tener un teléfono móvil sin condiciones? Es decir, ¿sin formación sobre su uso, sin supervisión, y con acceso libre a todo el contenido que hay en Internet? No. Son dos escenarios completamente diferentes. De hecho, idealmente el niño debería tener un contacto gradual con el teléfono móvil: es decir, su primer móvil tiene que tener unas características limitadas, y progresivamente ir aumentando hasta tener un móvil con las mismas prestaciones que las de un adulto. No es una transición que pueda hacerse de golpe.

Una de las desventajas de haber incorporado estos dispositivos tan rápidamente en nuestras vidas, es que la gran mayoría de padres no sabe cómo gestionar el uso que sus hijos hacen del móvil, y tampoco saben cómo explicarles cómo deben utilizarlo, o qué herramientas utilizar para controlar que sus hijos hacen un buen uso del mismo.

Este problema se inicia a menudo en edades mucho más precoces que los mencionados 12 años. A los 2 y 3 años, la mayoría de niños ya saben acceder a los móviles de sus padres. Aunque parezca mentira, a estas edades tan tempranas muchos niños son capaces de acceder a internet, abrir sus aplicaciones favoritas y cambiar de contenidos (vídeos, música) de forma rudimentaria.

De esta forma, se instaura el uso de un dispositivo con un potencial desproporcionado para esta etapa del desarrollo: cada vez que el niño toca la pantalla  se abre un contenido nuevo; se cambia de vídeo, suena otra canción, se abre una aplicación… Esto supone una auténtica “metralleta” de estímulos para el cerebro de un niño de dos o tres años.

Ya existen estudios que apuntan a que este proceso repetitivo de procesar información, actualizar páginas web o redes sociales, genera la producción excesiva de dopamina en nuestro cerebro, favoreciendo un uso repetitivo e improductivo del teléfono móvil: es decir, que volvamos a pulsar y a actualizar, a cambiar entre aplicaciones, sin un objetivo claro, simplemente porque estamos enganchados a ese bucle de dopamina. Esto ha sido descrito por especialistas que aseguran en sus investigaciones que este mecanismo cerebral predispone a conductas de abuso del móvil, y predispone a generar una adicción.

¿Significa que si mi hijo no tiene supervisión ni horas de uso limitadas va a desarrollar una adicción al móvil? No. No debemos alarmarnos gratuitamente, pero sí debemos saber que aunque tu hijo no desarrolle una adicción, un uso no supervisado del móvil nunca es un uso adecuado.

¿Por qué? Resumámoslo brevemente en los siguientes puntos:

-Como fuente de estímulos, el teléfono móvil les acostumbra a estímulos inmediatos. Pulsamos y aparece una información. Pulsamos de nuevo y aparece otra distinta. Los periodos en los que utilizan una atención sostenida van menguando, y son cada vez más breves. Sin embargo, durante ocho horas al día, les llevaremos a la escuela, donde deben mantenerse concentrados en un solo tema, que aparece en su libro de texto.

La solución, de nuevo, no pasa por ser radical: no podemos prohibir el móvil en aras de promover los estudios, como si fuesen excluyentes, pero sí limitar su uso, y sobre todo, hacer conscientes a los niños mediante límites y rutinas de que el móvil es incompatible con algunos hábitos. Además del estudio, puede tener un efecto nocivo sobre el sueño: no solo para ellos, sino para todos nosotros, ya que el hecho de exponernos a luz blanca durante las últimas horas del día confunde a nuestro cerebro. Conforme se acerca la noche, nuestro cerebro produce melatonina, que progresivamente nos induce el sueño. Sin embargo esta exposición a las luces de las pantallas hace que nuestro cerebro genere menos melatonina, haciendo que sea más difícil dormir de noche, y generando insomnio.

Estos son algunos de los aspectos básicos del impacto nocivo que puede tener el teléfono móvil a nivel fisiológico. Sin embargo, si no realizamos una correcta supervisión del mismo, podemos exponer al niño a otros peligros, relacionados con el contenido al que puede acceder en internet, y en las redes sociales.

Si los dispositivos móviles son parte de sus vidas, ¿por qué no les educamos en su uso? Es esencial que instruyamos a los niños en ciberseguridad: es decir, en un uso seguro de las redes sociales e internet. El móvil no puede funcionar como un universo paralelo al que los padres no tienen acceso: desgraciadamente, existen riesgos contra los que debemos prevenirles. Por ejemplo, sobre la necesidad de preservar su intimidad en internet, no facilitando datos ni fotografías en ninguna red social. Ayudándoles a configurar ajustes de privacidad en redes sociales (y supervisando qué redes sociales utilizan, y a qué usuarios tienen acceso). Explicándoles cómo reaccionar ante peticiones o mensajes de usuarios anónimos, para prevenir el grooming (conductas de acoso de un adulto hacia un niño a través de internet). Y también, educándoles en qué contenido es aceptable y cuál debe ser reportado y denunciado, para prevenir el ciberacoso o ciberbullying.

Seguramente ahora estás algo abrumado, leyendo toda esta terminología y preguntándote por donde empezar. Tranquilo, tranquila. Es normal. La tecnología ha evolucionado a pasos agigantados, también para nosotros. Afortunadamente, existen guías para padres sobre cómo prevenir estos problemas, recursos facilitados por asociaciones y por el Estado, charlas de la Policía en los colegios, y otras iniciativas que pueden ayudarte en este camino. Además, si actualmente estás sufriendo alguno de estos problemas con tu hijo/a, debes saber que un psicólogo especialista en psicología infantil y juvenil puede ayudarte, tanto asesorándote sobre cómo gestionar las nuevas tecnologías con tus hijos, como ayudándote a implantar los límites y normas sobre su uso en casa.

En cualquier caso, ahí van unos cuantos consejos para que comiences a mejorar cómo usan tus hijos el teléfono móvil y los dispositivos electrónicos en general:

  1. Eres su modelo: siempre lo repetimos, cuando hablamos de crianza. Nos quejamos de que nuestros hijos no sueltan en móvil, mientras nosotros consultamos el correo en la mesa. ¡Error! Si vas a implantar una norma, como por ejemplo hacer que todos los móviles se dejen en el mismo sitio de casa durante las comidas o las cenas, sé coherente y predica con el ejemplo. Si no, tu autoridad está socavada antes de empezar.

 

  1. No utilices el móvil como un premio: es frecuente que cuando los padres están cansados, o en un lugar donde necesitan distraer al niño, le dejen el teléfono móvil. Como ya sabrás por lo que hemos comentado a lo largo del artículo, no es lo ideal. Tampoco es buena idea prometerlo como recompensa si hace algo agradable, como por ejemplo los deberes. Al niño ya le atrae intrínsecamente el móvil, así que no hay necesidad de multiplicar su influencia añadiéndole más atractivo.

 

  1. Pon límites: utiliza un acuerdo con tu hijo, explicándole antes de proporcionárselo, todas las responsabilidades que acarrea el teléfono móvil. Horas de uso, aplicaciones permitidas, cuidado del dispositivo, supervisión del mismo, y cualquier otra condición tiene que ser pactada y conocida por el niño de antemano. No vale dejarlo a su libre albedrío, ni tampoco castigar y retirarlo cada vez que el niño haga algo mal, ya que solo conseguiremos generar enfado y frustración, y no educarlo en cómo se usa correctamente.

 

  1. Enséñale a usarlo: Como acabamos de decir, y como comentábamos en la prevención sobre grooming y ciberbullying, dedica un momento a la semana a enseñar a tu hijo cómo se navega, qué puede hacer con el móvil, y qué no debe hacer (fotografías, intentar hacer compras dentro de las aplicaciones). Háblale de la privacidad, y de que internet es un lugar público, en el que no debería hacer ni mostrar nada que no haría en la vida real.

 

  1. Usa el móvil para educar en valores: como decíamos, podemos aprovechar para educar en la responsabilidad de cuidar el dispositivo, cargarlo, y mantenerlo en un estado óptimo. No repongas el teléfono si sufre daños o hacen un mal uso de él, ni tampoco compres dispositivos nuevos por moda o por presiones sociales.

 

  1. Usa apps y herramientas para padres: hemos empezado el artículo diciendo que las nuevas tecnologías nos facilitan la vida, y es así, también para ayudarnos a gestionarlas. Así que crea un perfil para tus hijos en el ordenador, con filtros parentales adecuados a su edad. Descarga las versiones infantiles de las aplicaciones más populares (por ejemplo, Youtube Kids), y si es necesario, fija mediante las aplicaciones de control parental el las horas de uso que del móvil y tablet de tus hijos. Puedes incluso determinar qué aplicaciones van a funcionar según el horario, vetando juegos y distracciones, por ejemplo, si tus hijos usan la tablet o el ordenador para estudiar.

 

Si tienes dudas o necesitas ayuda para gestionar el uso del móvil con tus hijos, escríbenos a través del formulario de contacto, o llámanos, estaremos encantados de asesorarte.