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Adolescentes y violencia de género

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El pasado 25 de Noviembre fue el día internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. Como todos sabemos, queda un gran camino por recorrer para lograr que se dejen de vulnerar los derechos de las mujeres, ya que cada día conocemos nuevos datos y estadísticas que continúan siendo tan alarmantes como inaceptables. Por ejemplo, este pasado día 25, Naciones Unidas publicó un estudio efectuado entre los años 2005 y 2016 en el que se han recogido testimonios de mujeres de entre 19 y 45 años de  87 países distintos. En él, un 19% de las mujeres refiere haber sufrido maltratos físicos o psicológicos por parte de sus parejas. Un porcentaje elevadísimo.

La prevalencia del maltrato a la mujer sigue siendo escalofriante. Hay otros datos, sin embargo, que son igualmente alarmantes para los psicólogos, y son los que se refieren a cómo perciben los jóvenes la violencia hacia la mujer. Son muchas las voces de alarma cada vez que se publica un estudio o una encuesta sobre qué piensan los adolescentes españoles sobre la violencia machista.

Y es que por ejemplo, recientemente hemos conocido los resultados de un barómetro (publicado por el Centro Reina Sofía) que desplegaba el siguiente titular: Uno de cada cuatro jóvenes ve <<normal>> la violencia de género cuando se está en pareja. Un 27,4%. Estos estudios se han visto corroborados por las cifras de denuncias de violencia machista, que no han dejado de crecer en menores de edad.

Cabe preguntarnos por lo tanto, ¿qué estamos haciendo mal? ¿Están siendo eficaces los programas de prevención? ¿Qué saben los adolescentes realmente sobre el maltrato? ¿Saben realmente identificarlo?

A decir verdad, estos mismos datos apuntan a que en realidad no. Pese a que los adolescentes rechazan la violencia contra la mujer cuando son encuestados, sin embargo, son incapaces en muchos casos de reconocer conductas concretas como violentas, normalizándolas en muchos casos. Por ello, en la entrada de esta semana, vamos a recordar cuáles son las conductas que constituyen la base sobre se asienta la violencia contra la mujer, y que son tan inaceptables como cualquier otro tipo de agresión más explícita.

Veamos por lo tanto qué cosas son el caldo de cultivo de una relación de pareja asimétrica, basada en la posesividad y la sumisión. En primer lugar, el control por parte del hombre: querer saber dónde está, impedir que quede con amigas o con familiares, monitorizar sus publicaciones en redes sociales, impedir que se vista como ella quiera… Muchas de estas conductas son vistas como normales por los adolescentes. Estas conductas son las que desembocarán en impedir que trabaje en el futuro, aislarla de sus amigos, y menoscabar progresivamente su autoestima hasta convertirla en totalmente dependiente de él.

Muchas de estas conductas están alimentadas por los mitos del amor romántico, alimentados en muchas ocasiones por libros y películas dirigidas al público adolescente, y que favorecen creencias que normalizan las relaciones asimétricas, de posesividad y sumisión. Algunos de los más conocidos son:

-El poder del amor: con creencias como Él cambiará gracias a mi amor, el amor verdadero lo puede todo… Son creencias que justifican y normalizan el maltrato, y validan la estrategia de esperar y continuar con la relación, porque el maltratador “cambiará”.

Amor predestinado: con creencias referidas a que existe un único amor verdadero, eterno, y que por lo tanto, hay que estar con esta persona pese a que esté siendo violento o te esté maltratando.

Entrega total: incluye creencias como que hay que darlo todo por la otra persona, renunciar a seres queridos, carrera profesional, o cualquier otra cosa, y además renunciar a tu intimidad, porque la otra persona tiene derecho a todo de ti.

Amor exclusivo: incluye creencias de normalización de los celos, creyendo que son una muestra de amor, y por tanto normalizando conductas que son precursoras del maltrato.

Estos mitos no hacen sino recrudecer la dinámica del maltrato, ya que tras cada agresión, se produce lo que se llama fase de luna de miel, en las que el maltratador se muestra cariñoso, pide perdón y jura que no volverá a agredir a su pareja. En esta fase, son estos mitos románticos y sus creencias los que hacen que la víctima continúe en esta relación, sin abandonar ni denunciar a su pareja.

Así que como decíamos, hay un gran trabajo por delante para desmontar este caldo de cultivo, y hacer que los adolescentes dejen de ver las conductas de maltrato como algo <<normal>>.  Un primer paso necesario es entender que hay que cambiar los roles de género, ya que en estas creencias siguen totalmente distorsionados, y  continúan mostrando al hombre como la parte de la pareja que es fuerte, dominante y que supone la autoridad, y a la mujer como la parte emocional, dependiente, y que está sumisa a esta autoridad.

Esto no es así, y debemos educar a nuestros adolescentes en dos conceptos muy claros: en una pareja, ninguno en más que otro, sois iguales. Y para romper esos mitos de entrega total, y salir del ciclo de posesividad, recuerda lo siguiente: somos personas completas. No necesitas que otra persona te complete, o dé sentido a tu vida. Una pareja te complementa y te hace feliz, pero no lo es todo, ni tienes que dedicar tu vida a él.

Si crees que estás en una situación similar a la que hemos descrito, de control y posesividad por parte de tu pareja, los siguientes pasos pueden serte útiles:

  1. Toma conciencia: hazte algunas preguntas. Imagínate que fuera una amiga quien te cuenta lo que le está pasando. ¿Qué le dirías? ¿Te parecería normal?
  2. Cuéntalo: no te aísles, ni dejes que tu pareja sea la única persona en tu vida. Habla con alguien, y sobre todo, escucha lo que te cuentan. Porque sin las emociones ni las creencias sobre el amor que hemos comentado, su opinión es más neutra y objetiva.
  3. Déjate ayudar: déjate asesorar por personas que se dedican a ayudar a gente como tú. Busca apoyo en los teléfonos de ayuda (016), en la policía y las asociaciones que pueden ofrecerte terapia y orientación para salir de esta relación y recuperar tu vida.

Esperamos haber aportado nuestro granito de arena para que nuestras adolescentes sean más conscientes de qué conductas son las precursoras de violencia en la pareja, y qué hacer para salir de esta espiral destructiva.

Hasta la semana que viene.