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Trastornos psicóticos

Los trastornos psicóticos son aquellos que generan pensamientos y percepciones ajenos a la realidad. Estos interfieren en la adaptación de la persona a su entorno, ya que de pronto, es incapaz de distinguir si lo que percibe es real, o es producto del trastorno. Existen diversos trastornos que pueden generar episodios psicóticos, y por lo tanto, es fundamental que exista un correcto diagnóstico diferencial, que acote de forma clara la psicopatología que está provocando los síntomas. La colaboración entre distintos profesionales de la salud mental, esencialmente el psiquiatra y el psicólogo, ayudará a la persona a gestionar adecuadamente los síntomas del trastorno, y a atenuar sus efectos.
En función de la sintomatología presente, podemos distinguir diversos tipos de trastornos que cursan con sintomatología psicótica.

Trastorno delirante:
Se caracteriza por la presencia de delirios persistentes sobre una temática concreta. Los delirios son creencias erráticas, en las que se ve afectado el contenido del pensamiento. Existen diferentes tipos: los delirios pueden ser erotomaníacos (si la persona cree que alguien está enamorada de ella), de grandeza (la persona puede creer ser alguien importante, o haber realizado algún descubrimiento digno de reconocimiento), celotípicos (creencias sobre haber sufrido infidelidades, o estar siendo engañado), de tipo persecutorio (creencias sobre estar siendo amenazado, espiado, acosado y otras conductas similares), de tipo somático (creencias sobre sensaciones corporales) o de tipo mixto (cuando no existe predominancia de un contenido específico). En todos los casos, la persona realiza esfuerzos y vive de acuerdo a esta creencia, que le dificulta de forma muy severa su adaptación. Sin embargo, su comportamiento no suele ser extravagante o desorganizado, como puede ocurrir en otros trastornos psicóticos, y su funcionamiento al margen de los delirios es óptimo, en otros contextos sociales ajenos al contenido del delirio.

Esquizofrenia:
actualmente, la esquizofrenia se ha catalogado como el ‘espectro de la esquizofrenia’, teniendo en cuenta que existe una elevada variabilidad dentro de la etiqueta diagnóstica, y por lo tanto, no existe un único tipo de esquizofrenia que reúna de forma invariable los mismos requisitos.

No obstante, y pese a las variaciones y subtipos que existen dentro de este espectro, podemos describir la esquizofrenia como un trastorno que caracteriza por la presencia de delirios, alucinaciones, un lenguaje desorganizado o incoherente, y los llamados “síntomas negativos”, que son la ausencia de expresividad, abulia, falta de energía, y aplanamiento afectivo. Existen los llamados síntomas prodrómicos, que son aquellos que comienzan a aparecer de forma insidiosa, y que comienzan a afectar a la persona antes de que el trastorno sea del todo patente. En esta fase, es frecuente que las personas que sufren esquizofrenia comiencen a ser incapaces de mantener su funcionamiento en algunas áreas, por ejemplo en el cuidado personal, o en el plano académico o laboral. Posteriormente pueden comenzar a padecerse los delirios (aquellas creencias que no tienen base en la realidad), que pueden ir acompañados de alucinaciones. Las alucinaciones son experiencias perceptivas que ocurren aunque no haya un estímulo exterior que las provoque, y pueden ser de diverso tipo: pueden ser de tipo visual, si la persona experimenta patrones lumínicos, destellos, figuras humanas, o cualquier otro tipo de contenido visual de forma anómala. También existen alucinaciones auditivas, de diversa complejidad, desde pitidos, sonidos o murmullos, hasta voces que transmiten un determinado mensaje con significado. Del mismo modo, las alucinaciones pueden ser olfatorias, gustativas y táctiles, y es frecuente que vayan en consonancia con el contenido del pensamiento, es decir, con el delirio: así, una persona con un delirio persecutorio puede sufrir alucinaciones sobre las personas que le intimidan o que le espían, y una persona con un delirio de infestación (creencia de que hay insectos en su cuerpo) puede sufrir una alucinación táctil en la que experimente hormigueos o parestesias. Las alucinaciones pueden ser además somáticas (sentir sensaciones en el cuerpo), o cinestésicas (experimentar un movimiento en el cuerpo que en realidad no se está produciendo).
Dentro del continuo que es el espectro de la esquizofrenia, existen otros trastornos asociados, como el trastorno esquizofreniforme, o el trastorno esquizoafectivo, que son entidades diferenciadas de la esquizofrenia. Como señalábamos al principio de esta categoría, para determinar correctamente qué trastorno está sufriendo la persona, es necesaria la intervención de un equipo multidisciplinar que contemple a distintos profesionales, y que sea el que establezca un adecuado diagnóstico diferencial.