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Trastornos de la conducta alimentaria

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Los trastornos de conducta alimentaria (TCA) son problemas que, a menudo, van más allá de la propia comida. En función del tiempo que se llevan manifestando en la persona, las dificultades en cuanto a llevar un hábito alimentario adecuado se incrementan.

Estos trastornos comprenden problemas como la anorexia, la bulimia, atracones asociados a estrés y obesidad. Quizá estos sean los diagnósticos más conocidos, aunque cada vez más los problemas alimentarios aparecen en distintas variantes no tan obvias.

En contra de lo que se piensa, estos problemas no se desarrollan por el deseo irrefrenable de parecerse a alguien o mejorar la figura; sino que surgen a consecuencia de desinformación, falta de recursos de afrontamiento de problemas, incremento del tiempo dedicado a la imagen o el control de calorías y, entre otros, a factores de personalidad de elevada autoexigencia y alto rendimiento intelectual.

Lo que observamos en consulta con más frecuencia de lo que se cree, es que el exceso por el control y el perfeccionismo, en términos sencillos, lleva a mujeres y hombres a perder la noción de salud en lo que a nivel alimentario se refiere. Son tantos los ámbitos que abarca este tipo de tratamiento, que resulta crucial la implicación del entorno directo del afectado/a.

El abordaje psicológico, por su parte, comprende desde el aprendizaje de una conducta alimentaria adecuada, hasta la gestión de pensamientos de malestar, mejora del autoconcepto, incremento de la confianza en sí mismo/a, manejo de situaciones estresantes y asesoramiento familiar para incrementar la eficacia. Se trata de términos generales, pero cada caso es distinto y, por supuesto, tratamos a cada paciente con sus particularidades ajustando los tratamientos para optimizar resultados.

Contamos en nuestro equipo con Rocío Jover, Psicóloga de la Salud con experiencia en la intervención con desórdenes alimentarios tanto a nivel ambulatorio como hospitalario. Fruto de esta experiencia, señala la importancia en la coordinación con otras especialidades: endocrinos, nutricionistas, psiquiatras… sin la cual las perspectivas de curación se debilitan. Queda claro entonces, que afrontar un problema alimenticio requiere una labor de equipo entre paciente, familia y profesionales.