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Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH)

El trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) es un trastorno de origen neurobiológico, que se manifiesta a través de tres características principales: déficit de atención, hiperactividad, e impulsividad. Estos rasgos deben presentarse de forma constante, es decir, durante toda el desarrollo del niño, como un patrón de conducta persistente, y no durante un periodo en concreto, o una fase evolutiva del niño. Del mismo modo, para valorarlos, debemos tener en cuenta que deben ser más intensos y frecuentes que en comparación al grupo de edad y nivel de desarrollo del niño, y deben deteriorar o interferir con la adaptación del niño a su grupo, al aula, y al entorno familiar. Una evaluación especializada de TDAH discrimina estas características: por lo tanto, no se puede considerar como TDAH aquellos síntomas que tengan una aparición puntual, y que no hayan sido sostenidos a lo largo de la vida del niño, aquellos que no sean diferentes de lo observado en su grupo de referencia, o aquellos que no supongan una interferencia y que generen una problemática en la vida del niño. Debemos tener en cuenta, así mismo, otros factores que puedan estar simulando estos síntomas (problemas médicos, sustancias, tóxicos, u otros problemas de salud).

El TDAH puede tener diversas presentaciones, las cuales se determinan en función del síntoma que predomina. De este modo, tenemos una presentación con predominancia de falta de atención (es decir, déficit de atención sin hiperactividad), en la cual son frecuentes las pérdidas de atención durante las tareas (quedarse absorto, embobado) pero no se producen problemas de exceso de movimiento, o de actividad. Una segunda presentación, con predominancia de hiperactividad e impulsividad, es decir, donde el síntoma principal son los movimientos excesivos, la impaciencia, la incapacidad para realizar una tarea sin empezar otra, problemas para estar sentado largo tiempo, y otras similares. Y por último, una presentación combinada, en la que nos encontramos tanto con síntomas de déficit de atención, como con síntomas de hiperactividad. El TDAH es uno de los trastornos más comórbidos, es decir, que tiende a presentarse junto con otros trastornos, por lo que debe ser evaluado exhaustivamente. Además de una recogida de información a padres y profesores, deben aplicarse pruebas neuropsicológicas para determinar el funcionamiento de las funciones ejecutivas, y objetivar el problema. Así mismo, el psicólogo que realice la evaluación le informará de la necesidad de realizar otras pruebas o coordinarse con otros profesionales.