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¿Autoestima alta? Mejor autoestima sana

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Habitualmente escuchamos consejos sobre cómo ‘aumentar’ nuestra autoestima, o cómo tener una autoestima ‘alta’, cuando en realidad, sería más preciso que hablásemos de una autoestima sana. ¿Por qué? Porque la autoestima no es como el colesterol, un valor que podemos tener más alto o más bajo, sino que muchas veces, actúa como un síntoma que nos indica que nuestra salud emocional no pasa por su mejor momento. Vamos a verlo con más detalle:

¿Qué es una autoestima sana?

Si tuviéramos que resumirlo en una clave muy sencilla, diríamos que una autoestima sana es una autoestima objetiva. Es decir, alejada de ideas distorsionadas, de autocrítica excesiva, y basada en unos parámetros realistas. ¿Qué significa esto? La autoestima, como su propio nombre indica, es una actitud de respeto hacia uno mismo, es la capacidad de valorarse de forma positiva equilibrada.

Cuando comentábamos en la introducción que generalmente escuchamos consejos para mantener una autoestima “alta”, nos referimos a que es frecuente encontrarse con consejos basados exclusivamente en la positividad, es decir, en repetirse mensajes positivos acerca de uno mismo, en quererse y valorarse de forma puntual, exacerbando lo bueno.

Esto no es muy efectivo. Ya que mensajes del tipo Yo puedo con todo, Soy el mejor, Confío en mí u otro tipo de mensajes motivacionales nos pueden otorgar un empujón pasajero a nuestra autoestima, a largo plazo no resuelven el problema ni nos hacen valorarnos de forma objetiva.

Si habitualmente tienes la sensación de que te valoras poco, de que te torturas por haber cometido un mínimo error en el trabajo o en tus relaciones personales, y de que te comparas constantemente con los demás, sintiéndote inferior, la solución no es repetirse mensajes positivos o intentar hipertrofiar nuestra autoestima de forma pasajera.  

Enemigos de una autoestima objetiva

¿Cómo lograr por tanto tener una autoestima equilibrada, lejos de los conocidos extremos, alto-bajo? En primer lugar, vamos a identificar y reconocer cuáles son los enemigos número uno de una autoestima sana, ya que evitarlos va a ser de gran ayuda a la ahora de construir una imagen equilibrada de ti mismo-a:

1.Perfeccionismo: actitudes excesivamente exigentes, que nos obligan a cumplir expectativas exacerbadas, son un caldo de cultivo frecuente para desarrollar problemas de autoestima. ¿Por qué? Porque tenemos la constante sensación de presión, de no tener margen de error, de tener que dar siempre el 100%, y cuando nos encontramos ante una situación frustrante o descubrimos que no podemos abarcarlo todo, nos frustramos y comenzamos a criticarnos a nosotros mismos por no haber sido capaces de llegar a la expectativa que nos habíamos fijado.

2. Rebajar nuestros méritos: un error frecuente que cometemos cuando nos valoramos a nosotros mismos, es filtrar la información: es decir, dejar fuera la parte positiva que habla bien de nosotros. Por ejemplo, si nos imaginamos una balanza, estamos obviando todo lo positivo (he conseguido un ascenso a nivel laboral, he ayudado a mis amigos en una mudanza… etc.) porque consideramos que es nuestra responsabilidad, una obligación que debemos de cumplir, y que no tiene ningún mérito el haberlo conseguido. De esta forma, solo computa lo negativo, y nuestra balanza se desequilibra, haciendo que nos fijemos tan solo en lo malo.

3. Autocrítica: y por supuesto, si nos fijamos tan solo en lo negativo, aparecen los pensamientos críticos, que nos castigan repetidamente con mensajes del tipo debería… (Debería haberme acordado de su compleañps, debería haber sido más simpático en la fiesta, debería haber trabajado más…) Es decir, nos imponemos nuevas obligaciones que nos sobrecargan, y que a medida que va pasando el tiempo, van afectando a nuestro estado de ánimo.

¿Te suena familiar? Es frecuente que sumergidos en el frenesí de las miles de cosas que tenemos que hacer cada día, caigamos en este estilo de pensamiento, y acabemos por exigirnos mucho, minimizar nuestros éxitos, y criticarnos por los fallos o las dificultades que van surgiendo en el camino. Este bucle de autoexigencia-filtraje-autocrítica se puede prolongar en el tiempo, hasta afectar a la forma en la que nos vemos a nosotros mismos: podemos acabar convencidos de que somos mucho menos competentes de lo que en realidad somos, menos carismáticos, o menos atractivos físicamente. Es decir, podemos desarrollar una imagen negativa de nosotros mismos, exagerada y alejada de la realidad.

Invierte en tu autoestima

En una publicación que hacíamos el año pasado en nuestras redes sociales, os sugeríamos lo siguiente: Cuida tu autoestima, y tu autoestima cuidará de ti. Es decir, que como decíamos al inicio de este artículo, lo interesante es que cambiemos nuestras actitudes y nuestra forma de juzgarnos, para así sentirnos mejor, y así proteger nuestra salud emocional.

Una autoestima equilibrada es una fuente de bienestar, y además, un factor que nos protege para cuidar nuestra salud, y que previene que desarrollemos problemas de estado de ánimo, de ansiedad, y otro tipo de dificultades emocionales. Por lo tanto, vamos a ver algunas claves para mantenerla en un buen estado:

  1. Autoconocimiento: es esencial, el primer paso para valorarnos de forma objetiva es conocernos. Dedica un tiempo a reflexionar sobre tus objetivos, y sobre tus acciones, y sobre todo, si están alineados, es decir, si estás haciendo cosas que te acercan a lo que quieres lograr. Dosifica tus acciones por pasos breves, y no trates de imponerte metas inalcanzables. Prémiate por cada pequeño logro, y enfoca tu rutina cotidiana de forma que sea sostenible.
  2. Autocompasión: entendida como la amabilidad hacia uno mismo. Sustituye la autocrítica por compasión. Para que lo veamos claro: imagínate que te estás fustigando por haber cometido un error en el trabajo. Ahora, imagina qué pasaría si lo hubiera cometido otra persona. ¿Te parece tan grave? Es frecuente que seamos benevolentes con los demás, tolerando sus errores y siendo amables con ellos, pero por el contrario nos comportemos como jueces implacables con nosotros mismos. Haz este ejercicio cuando te critiques insistentemente por algo. Sácalo fuera de contexto, y piensa en una tercera persona.
  3. No te compares: también es frecuente realizar sucesivas comparaciones con otras personas, que tienen circunstancias y vidas diferentes a la nuestra. Si quieres compararte con una persona, hazlo contigo mismo. Simplemente, enfócate en cambiar con acciones las cosas que quieres mejorar, pero sin caer en la obsesión de creer que necesitas estos cambios. No los necesitas, sino que los quieres. Y esta actitud es muy diferente, porque en lugar de la frustración de no tener algo, sentiremos el afán de superación y la motivación por lograr cambios y como decíamos en el punto uno, nos felicitaremos por cada pequeño logro.

Aceptarnos y valorarnos de forma ecuánime es un proceso, y como tal, no esperes poder hacer un cambio de chip de forma radical. Si actualmente experimentas juicios negativos sobre ti mismo-a, sensación de bajo estado de ánimo, y te sientes habitualmente inferior a los que te rodean, no caigas en la exigencia de cambiar tu autoestima de golpe. Y como siempre decimos, no dudes en pedir ayuda. Un punto de vista externo puede ayudarte a tomar perspectiva y acelerar el proceso de cambio, para equilibrar la balanza, y tener una autoestima sana.

¡Hasta la semana que viene!