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Ansiedad (Psicología Infantil y Adolescente)

A lo largo de la infancia, es normal que aparezcan miedos. Estos miedos van fluctuando con la edad, y cambiando conforme el niño se desarrolla y cambian la percepción de sus recursos, de su entorno y de él mismo. De esta forma, entre los 6 y los 18 meses aparecen el miedo a la oscuridad y a los desconocidos. Posteriormente, en el periodo entre los 3 y los 7 años, pueden aparecer temores más difusos, cuando los niños ya son capaces de imaginar, y no solo tienen miedo a cosas o situaciones observables, sino también a fantasmas, a animales, o a estar solos. Sin embargo, en ocasiones estos miedos evolutivos pueden volverse más intensos, y comenzar a interferir con sus vidas, y afectar negativamente a su desarrollo, a su relación con los demás, o a su aprendizaje académico.

Cuando esto sucede, hablamos trastornos de ansiedad. Entre ellos, podemos distinguir:

Trastorno ansiedad por separación:
Sucede cuando el niño experimenta una ansiedad excesiva cuando se separa de sus figuras de apego. Esta ansiedad se manifiesta con preocupaciones acerca de la salud de los padres, negativa a separarse de ellos o a ir al colegio, temor a estar solo, pesadillas o fantasías catastróficas con pérdidas, raptos o accidentes. Además, se producen somatizaciones provocadas por la ansiedad, como palpitaciones, náuseas, cefaleas, y otros.

Fobia específica:
Las fobias específicas son miedos irracionales o excesivos, que surgen por la aparición (o la anticipación) de estímulos específicos: estos pueden ser lugares, animales, alturas, tormentas, oscuridad, las inyecciones, ver sangre, aguas profundas, intervenciones médicas, etc. Estas situaciones son evitadas por el niño, que vive su aparición con angustia. En menores, este miedo debe persistir durante más de 6 meses, y no debe ser explicado por otro trastorno presente.

Fobia escolar :
La fobia escolar se produce cuando el niño sufre un temor irracional a la escuela que produce que se niegue a acudir a clase, produciendo un absentismo parcial o total. Como en el resto de trastornos de ansiedad, son frecuentes las somatizaciones físicas producidas por la ansiedad, y es frecuente que estas somatizaciones sean el motivo por el que el niño no quiera acudir, alegando encontrarse enfermo. Es común que la fobia escolar comience después de un periodo de ausencia prolongado de las clases (tras las vacaciones, o al reincorporarse después de una enfermedad).

Fobia social:
Hablamos de fobia social cuando se produce un temor recurrente, excesivo e incapacitante a la hora de exponerse a situaciones sociales o de interacción con los demás. En este entorno, el niño o adolescente teme realizar acciones o conductas que lo dejen en ridículo, que den lugar a situaciones humillantes o embarazosas. Se dan por lo tanto evitaciones, es decir, se evita el acudir a reuniones, ir a clase, quedar con amigos, o interactuar con desconocidos con los que el menor no se siente seguro. Esta evitación acarrea consecuencias negativas para su estado de ánimo y su autoestima, reforzando la creencia de que los demás los valoran negativamente.

Trastorno de ansiedad generalizada:
Este trastorno se caracteriza por la ansiedad y preocupación excesivas, persistentes, y descontroladas, que tienen lugar durante un periodo de tiempo estable y persistente. En este caso, la ansiedad no se ciñe a una única situación específica, como en el caso de las fobias, sino que se encadenan diversas preocupaciones que van fluctuando y cambiando durante el transcurso de los días. Estos temores por lo tanto son muy variables, y pueden abarcar temor al desempeño académico, a los accidentes, a los problemas de salud, y otros. Es frecuente que las situaciones novedosas o los cambios favorezcan la proliferación de nuevos temores.

Trastorno de pánico:
El trastorno de pánico resulta más frecuente en adolescentes que en niños de edad más temprana. En este trastorno, se producen crisis de pánico consistentes en reacciones de ansiedad agudas, que se experimentan con una sintomatología física muy intensos, como taquicardias, sudoración, mareo, náuseas, y otras somatizaciones de ansiedad. Es frecuente que los menores desarrollen un temor a sufrir más ataques de pánico, y restrinjan las actividades en las que han tenido crisis, limitando su día a día.

Trastorno obsesivo compulsivo:
El trastorno obsesivo compulsivo se caracteriza por la presencia de pensamientos intrusivos, negativos, que generan sufrimiento al niño o adolescente, que no pueden ser controlados y que generan ansiedad. Para neutralizar esta ansiedad, se realizan rituales para aliviar la ansiedad o impedir que sucedan los temores que se visualizan en las obsesiones: estos rituales son lo que llamamos compulsiones, y pueden ser de diversos tipos, tanto cognitivas (repetir frases, contar, rezar, visualizaciones) como motoras (lavarse las manos, encender y apagar las luces, comprobaciones, etc.)

Trastorno de estrés postraumático:
El trastorno de estrés postraumático se desarrolla tras haber sufrido un acontecimiento sumamente estresante, como una agresión física, abuso sexual, un accidente, o un desastre natural. A partir de este suceso, se producen síntomas de re visitación de lo sucedido (recuerdos reiterativos, pesadillas) que interfieren en la atención y generan ansiedad. Así mismo, se experimenta insensibilidad emocional, o un aplanamiento que lleva al a pasividad, y a la falta de interés por las actividades cotidianas. Por lo tanto, se produce un estado de ánimo depresivo. Es frecuente que los niños que padecen este trastorno experimenten sentimientos de culpabilidad por lo sucedido. También se producen alteraciones del sueño, y problemas derivados de la activación permanente, es decir, de un estado de alerta constante con el fin de prevenir que vuelve a suceder un evento similar al traumático.