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Ansiedad (Adulto)

Cuando nos encontramos ante situaciones cambiantes, que suponen un desafío para nosotros y que fisiológicamente nos activan, generando una serie de respuestas (como sudoración, mayor ritmo cardiaco, respiración más acelerada), nuestro cuerpo y nuestra mente nos están preparando para dar una respuesta a estas situaciones. Esto lo que conocemos coloquialmente como estrés. Una vez afrontamos este desafío y lo superamos, la respuesta fisiológica se desvanece. Sin embargo, es frecuente que a menudo, lo que nos está generando esta respuesta sean pensamientos, preocupaciones, anticipaciones sobre qué puede pasar, o qué podríamos hacer si pasara un evento amenazante que en realidad, no sabemos si va a ocurrir. Por lo tanto, al no haber una respuesta real que podamos dar al evento, la respuesta de estrés se mantiene, y sufrimos las somatizaciones físicas de forma sostenida. En este caso, estamos hablando de ansiedad. La ansiedad puede manifestarse de diversas formas, y según cómo lo haga, estaremos ante una problemática u otra. Vamos a ocuparnos de las más frecuentes:

Fobia específica:
La fobia específica se produce cuando nos encontramos con una reacción de ansiedad ante un único estímulo en concretos. Los más comunes son:

-Animales (perros, arañas, insectos, aves).
-Entornos naturales (tormentas, agua, alturas)
-Sangre (o inyecciones, heridas)
-Situacionales (aviones, espacios cerrados)

Es frecuente que la persona evite el estímulo que le genera ansiedad, y que intente no exponerse a él lo más mínimo. La duración de estos miedos es crónica si no se trata de forma rigurosa, y el miedo asociado es desproporcionado en relación al estímulo que lo causa. La terapia psicológica puede ayudar a la persona a reducir la ansiedad a través de aprender a gestionar los pensamientos amenazantes. Adicionalmente, se irán incorporando técnicas de relajación para exponerse a los estímulos temidos de forma más eficaz, y así, habituarse a estas situaciones y aprender a vivirlas sin ansiedad.

Trastorno de pánico:
El trastorno de pánico es un trastorno de ansiedad caracterizado por la ocurrencia de ataques de pánicos recurrentes y frecuentes. Los ataques de pánico son situaciones de miedo extremo y de un malestar muy intenso, que engloban los siguientes síntomas: palpitaciones, sudoración, temblores, sensación de dificultad para respirar, dolor en el tórax, náuseas, malestar abdominal, mareos, escalofríos, hormigueo en las extremidades (parestesias), desrealización o despersonalización (la sensación de estar fuera de la realidad, o de uno mismo), miedo a volverse loco, o miedo a morir. A raíz de estos ataques, la persona comienza a restringir actividades que crea que pueden desencadenarlos, y comienza a desarrollar un miedo intenso a sufrir ataques de pánico, por lo que esta evitación acaba afectando negativamente a todas las áreas de su vida (familiar, laboral, social). En este sentido, un tratamiento psicológico eficaz le ayudará a comprender por qué se producen las somatizaciones, y a perder el miedo a sus consecuencias: una de los temores principales de las personas que sufren ataques de pánico, como hemos dicho, es morir o perder la razón. Sin embargo, los ataques de pánico son muy desagradables e incómodos, pero no son letales. En consulta, se trabajarán las creencias acerca de los ataques de pánico, y progresivamente, se entrenará a la persona que los sufre en gestionar sus somatizaciones, y no alarmarse cuando aparezcan, para paulatinamente aprender a gestionar la ansiedad y dejar de sufrir estos ataques de pánico.

Trastorno de ansiedad generalizada:
En el caso del trastorno de ansiedad generalizada, los estímulos que generan la ansiedad no son específicos, sino que son múltiples y cambiantes. Se trata de preocupaciones difusas que van fluctuando a lo largo del tiempo, y que frecuentemente se solapan entre sí: cuando una de ellas finaliza, se encadena con otra. Los objetos de preocupación pueden ser de lo más variado, incluyendo ansiedad acerca de la salud, como de problemas laborales, económicos, afectivos, de pareja, o familiares. Esta preocupación excesiva y sostenida genera síntomas de extenuación y agotamiento, irritabilidad, problemas de concentración, somatizaciones corporales, y problemas del sueño. Las preocupaciones son constantes, y no responden a un periodo agudo de estrés, sino que se dan durante al menos un periodo mayor a seis meses, y lo hacen durante más días de los que se encuentran ausentes. Restituir los patrones de pensamiento que actualmente están convirtiendo los eventos cotidianos en alarmantes es esencial en una intervención psicológica eficaz. Progresivamente, la persona debe entrenarse en afrontar de otra forma los eventos cotidianos, y no elucubrar o anticipar de forma aprensiva cuáles van a ser sus consecuencias.

Trastorno dismórfico corporal:
El trastorno dismórfico corporal se caracteriza por una preocupación excesiva por uno o más defectos físicos o de la apariencia corporal, que son imperceptibles o no son observables para los demás. En este sentido, las personas con este trastorno pueden estar muy angustiadas por condiciones de la piel, o por el tamaño o la simetría de sus rasgos faciales, como la nariz, los ojos, las orejas, etc. El temor también puede estar relacionado con cualquier otra parte del cuerpo, como la musculatura, el pelo, o las extremidades. La persona verbaliza creencias aberrantes sobre su imagen, refiriendo que sufre una deformidad o una alteración realmente gravemente, que nadie más puede observar. El defecto físico se convierte en una obsesión permanente, de forma que estas personas tienden a acudir a un gran número de profesionales (especialmente médicos, dermatólogos, especialistas en cirugía estética) para buscar algún tipo de solución al defecto que ellos perciben. También resulta frecuente que se produzcan periodos de aislamiento, o evitación de cualquier actividad donde el defecto pueda ser expuesto a los demás: por lo tanto, este trastorno acaba afectando de forma muy significativa a la vida de la persona, interfiriendo en su capacidad para mantener una vida laboral, afectiva o social de forma estable. Los esfuerzos de la persona con trastorno dismórfico corporal incluyen rutinas de comprobación, mirarse en el espejo, rascarse, o evaluar constantemente las variaciones en el defecto físico que perciben.

Fobia social:
La fobia social (o ansiedad social) es un miedo intenso a encontrarse en situaciones sociales en las que la persona está expuesta a ser examinada o evaluada por los demás. En este sentido, no se produce tan solo en situaciones concretas (hablar en público, por ejemplo), sino que se da en múltiples contextos y escenarios. A nivel cognitivo, existe un temor acerca de qué pensarán los demás sobre uno mismo, y es frecuente que se imagine con un contenido muy negativo, temiendo que los demás desaprueben lo que hace o lo que dice. Este temor favorece que se eviten situaciones sociales, por ejemplo reuniones, fiestas, o situaciones laborales. Esta evitación acaba por empeorar la calidad de vida de la persona, que se ve condicionada y limitada por la fobia. Además, una persona con fobia social puede incurrir en estrategias para desinhibirse o vencer la ansiedad social que resulten contraproducentes, como por ejemplo beber alcohol, añadiendo más efectos nocivos para su salud. El trabajo en habilidades sociales y gestión de la ansiedad, bajo la guía de un terapeuta cualificado, puede resolver la fobia y ayudar a la persona a exponerse gradualmente a las situaciones que le generan este malestar (comer en público, hablar con personas del sexo contrario, etcétera).

Agorafobia:
Hablamos de agorafobia cuando la persona sufre una ansiedad intensa en situaciones en las que cree que sería difícil escapar, o en las que podría verse desvalida o sin ayuda en situaciones de pánico, por lo que comienza a evitar activamente este tipo de situaciones. Estas situaciones, habitualmente son utilizar transportes públicos, o viajar en medios de locomoción como el coche, el barco, el avión, u otros (autobús, trenes), también estar en espacios abiertos, estar en lugares multitudinarios, o estar fuera de casa solo. En estas circunstancias, y con la evitación de estas experiencias, se produce un aislamiento de la persona, que solo es capaz de funcionar correctamente en ciertos contextos: en casos severos, se puede dar la reclusión en casa, o el espacio en el que la persona es capaz de moverse se ve drásticamente acotado. Una intervención eficaz trabajará tanto las creencias asociadas a la ansiedad, es decir, qué cree la persona que va a pasar en esos entornos que resulta tan amenazador, como las conductas de afrontamiento que están manteniendo el problema, en este caso, el evitar las situaciones que se consideran peligrosas.

 

Trastorno obsesivo compulsivo:
El trastorno obsesivo compulsivo se produce cuando existen determinados pensamientos intrusivos y persistentes que generan un elevado nivel de ansiedad. Ante esta ansiedad, la persona realiza algún tipo comportamiento para intentar aliviarla, o reducir el malestar. Los pensamientos que generan dicha ansiedad es lo que conocemos como obsesiones, y las conductas que se realizan para neutralizarlos, es lo que llamamos compulsiones. Por ejemplo: una persona toca una mesa en un restaurante, y le parece algo pegajosa. Automáticamente, aparece un pensamiento intrusivo, y comienza a imaginar que puede contraer algún tipo de enfermedad (obsesión). Acto seguido, va al baño y se lava repetidamente las manos (compulsión). Las compulsiones, por lo tanto, funcionan como una forma de evitar la ansiedad. Sin embargo, con el paso del tiempo, comienzan a convertirse en rituales que la persona tiene que realizar de forma persistente, lo que acaba consumiendo una cantidad de tiempo notable, y dificultando su vida cotidiana. Existen diferentes tipos, tanto de obsesiones como de compulsiones. En el caso de las obsesiones, el contenido del pensamiento puede ser temor a los gérmenes, pensamientos prohibidos relacionados con el sexo, la religión o sobre el miedo a dañar a otros. Las compulsiones por su parte pueden incluir las comprobaciones (de puertas, cerraduras), mantener el orden o la simetría, repetir determinadas frases, contar, rezar, u otros. En este trastorno, es esencial reestructurar las creencias sobre las obsesiones, de forma que la persona pierda el miedo a las consecuencias que pueden tener, y comprenda que son irracionales

Trastorno de estrés postraumático:
El trastorno de estrés postraumático es el patrón de ansiedad y activación continuada después de sufrir un evento altamente estresante o traumático: estos eventos pueden incluir el haber sufrido una catástrofe natural, un accidente, un abuso físico o sexual, o una situación de conflicto armado. Posteriormente a la vivencia de esta situación crítica, se producen recuerdos muy vívidos que incapacitan totalmente a la persona (también llamados flashbacks o reminiscencias), problemas de insomnio y pesadillas relacionadas con el trauma, hipervigilancia (un estado de alerta continua en el cual la persona se siente constantemente amenazada), irritabilidad y explosiones de ira, y síntomas de depresión como son las sensaciones de culpa, vacío o tristeza. El tratamiento psicológico es esencial para progresivamente, ir recuperando la autonomía y conseguir afrontar lo sucedido e integrarlo dentro de la vida de la persona. Superar el trauma es un proceso, y a través del mismo el terapeuta ayudará al paciente a exponerse a las sensaciones y los recuerdos relacionados con lo sucedido, y a gestionar las secuelas para que paulatinamente vayan disminuyendo, hasta desaparecer.